Tercetos
(del poemario "Tercinas", Ed. La Luna Que, 2011.)
Sendero
Todos los pasos
me llevan
al interior de una casa.
Presente
Devoto de paredes vacías,
descuelgo los cuadros
de la habitación del alma.
Fatiga
El nombre de las cosas se duerme,
la ansiedad se agota
y el corazón se lastima.
Muerte
Brusco movimiento
del alma
quitándose la pena.
Celebración
Vivir
es una fiesta
de temores.
Espejismo
Imagino al niño que juega
y no sé si lo hace en el jardín
o en mi repaso.
Espejismo 2
No sé si éste es aquel instante
o es el niño el que mira
y yo un sueño.
Espejismo 3
Un niño deja para siempre
su forma aguda
en el espejo.
Reflejo
Cuando infiero la soledad,
veo a la sepia el desierto,
la ciudad y los abismos.
Cuando llegue el no
y dibuje la penumbra en mis ojos,
continuaré con la sombra,
iluminadamente solo.
Entretanto
Me prometo hacer uso del sentido
y empezar a creer en el otoño
con el humor atento.
Inéditos
MUJER SOLA Un destemplado ardor se acurruca en esta calle plena de atardecer. Pulpa de pluma la mujer que viaja. Lleva discordia en su adjetivo y algún nombre a la sombra de la vergüenza. La simulación no es vana, se dice, jamás delatar, fingir excusas. Hay razones para su mentido no, historias de tradición y de jamás, moral fidedigna, traspuntes arrodillados a la culpa con los párpados tiesos, con fiebre de clavos, candados o cadenas de la niñez. Sus palabras no trasponen los labios, teme que los deseos no alcancen la aldaba. Va anocheciendo con aire negro y ella viaja fatigada entre dientes; regresa a sus vocales solitarias, a su gato, a su espejo, a su triste alfombra. Ha dejado de preguntarse por el que nunca existió; ambos han muerto. ——— LA PLAZA El cansancio se solaza en la espera del que está sentado a la espera de milagros. Quizá sólo desee caricias, músculos tibios o metales costosos. También los niños vienen por aquí a revisar sus astucias, a suspirar bajo los pinos, a tullirse en los inviernos mientras civilizan la euforia. Otros hay en hondo bostezo, desplomados de enojo, infranqueables; han olvidado el vigor y los intentos y no esperan lo que esperan. Parecen decidir si decirse lo que no dirán. Lo hacen con lentitud, con avaricia, ¿para qué apurar el olvido? Y hay pájaros que cruzan el estrago con urgencias de alianza ante el maíz generoso. Parece caos pero es concierto, los ojos lo aceptan, se acomodan a los sentidos y pacen la esperanza. Pasear por esta plaza puede servir. ——— LA LLAMADA Ese rinrín traerá tu mensaje lejano, me hablará de un pensamiento que ignoro, de los muchos que no pretendo. Es la hora de la indolencia para un cuerpo resarcido; el hola será un soplo que no evitará la voz ni el sentido de tus palabras cuando las dijeras. (Me doy cuenta de lo poco que importa.) No cantaré ciego mientras siga ignorando; lo que nunca escribí ya nunca diré, ni puedo imaginar que otro lo confiese. Pierdo el interés en tu llamada y me harta la insistencia del eco; tengo fatiga en las orejas, acantilados de olvido, labios en países lejanos. El silencio repone la paz; agradezco tu decencia. Entro en un libro para reponer el aire.
DÓNDE EL TERRUÑO
La calle es hija de los lamentos de siempre
en los que flota una negra sangre sin arraigo,
sin milenios ni destino,
sin sol de siempre.
Olvidados de la risa
nos movemos sin auténticas manos,
instantáneos, repetidos,
con puro viento hurónico y loco.
La noche se invade y se bestia,
el silencio se desenvuelve;
y la niebla cae, y el odio y el volcán.
Cada vez que la tierra entreabre sus lamentos
se me bruma el alma.
DE RODILLAS EL HOMBRE
Visitado largamente por vampiros,
por navegantes del sueño;
deteriorado por una generosidad
que no antecede la dicha,
cedo a otro lo que queda de un interior gentilicio.
Regalo mis pertinaces ausencias
de los lugares que debí,
mis íntimos enredos con el amor y el amor mismo
y mis juguetes preferidos
latiendo intactos en un origen lejano.
Los regalo como largas caminatas que no acaban,
los regalo al misterioso destino del ocio
y odiando fervientemente la nada.
En la noche brilla el agua
que mi madre junta en cada lluvia
para mezclar con la pintura de esta casa.
LOS MUDOS RESCOLDOS
Cada día caminamos
el resto de la tarde por primera vez.
A tientas la mano revisa la oscuridad:
hay brasas en las cenizas
y miradas que se callan hasta el frío.
Ciegos para todo, los dedos
rebaten las páginas del tiempo
y los dobleces laceran la alegría.
Los árboles soñados son apenas
un abuso del horizonte.
Aún abriendo los ojos
caminamos para el asombro:
los caminos son tantos,
las calles tan angostas,
las casas tan pequeñas.










