Inéditos

MUJER SOLA 

Un destemplado ardor se acurruca

   en esta calle llena de mediodía.

Pulpa de pluma la mujer que viaja.

 

Lleva discordia en su adjetivo

   y algún nombre a la sombra de la vergüenza.

La simulación no es vana, se dice,

jamás delatar, fingir excusas.

Hay razones de razones para su mentido no,

historias de tradición y de jamás,

moral fidedigna,

traspuntes arrodillados a la culpa

   con los párpados tiesos,

con la fiebre sazonada de clavos,

   candados o cadenas de la niñez.

Sus palabras no trasponen los labios,

temen gritar los deseos

   que no alcanzan la aldaba.

 

Va atardeciendo con aire negro

   y ella viaja fatigada entre dientes;

regresa a sus vocales solitarias,

   a su gato, a su espejo,

   a su triste alfombra.

Ha dejado de preguntarse

   por el que nunca existió;

ambos han muerto.

 

 

———

     LA PLAZA 

El cansancio se solaza en la espera

   del que está sentado

   conversando con milagros.

Quizá sólo se trate de caricias,

de músculos tibios

   o de metales costosos.

 

Los niños vienen por aquí

   a revisar sus astucias,

   a suspirar bajo los pinos,

   a tullirse en los inviernos mustios

   mientras civilizan la euforia.

 

Otros hay en hondo bostezo,

desplomados de enojo,

                                     infranqueables;

han dejado las penas y los guiños

   y no esperan lo que esperan.

Parecen decididos a decirse lo que no dirán.

Lo hacen con lentitud,

                                    con avaricia,

¿para qué apurar el olvido?

 

Y hay pájaros que cruzan el estrago

   con urgencias de alianza,

   ante el maíz generoso.

Parece disturbio pero es concierto,

los ojos lo aceptan,

se acomodan al calibre de los sentidos

   y pacen la esperanza.

 

Pasear por esta plaza puede servir.

 

 

———

     LA LLAMADA 

Ese rinrín traerá tu mensaje lejano,

me hablará de un pensamiento que ignoro,

   de los muchos que no pretendo.

Es la hora de la indolencia

   para un cuerpo resarcido;

el hola será un soplo que no evitará la voz

   ni el sentido de tus palabras

   cuando las digas.

 

 (Me doy cuenta de lo poco que importa.)

No cantaré ciego mientras siga ignorando;

lo que nunca escribí ya nunca diré,

ni puedo imaginar que otro lo confiese.

 

Pierdo el interés en tu llamada

   y me harta la insistencia del eco;

tengo fatiga en las orejas,

   acantilados de olvido,

   labios en países lejanos.

 

El silencio benigno repone la paz,

agradezco tu decencia.

Me desahogo en un libro para reponer el aire.

 

 

 

 

 

 

22/03/2008 21:37. Autor: Ricardo Rubio. #. Tema: Poesía.

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